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Ni
Internet, ni libertad... los artistas cubanos quieren swing... Concluye
el histórico VII Congreso de
la UNEAC I (Hojeando Premiere en la peluquería
del Palacio de las Convenciones) Desde muchas semanas antes, ¡qué digo muchas semanas!, desde muchos meses antes de que
se iniciara el VII Congreso de la
Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), ya
existía gran revuelo entre las trabajadoras de la
peluquería del Palacio de las Convenciones. Porque sospechaban,
calculaban, aventuraban, sabían, estaban seguras de que tal
evento les traería por allí rostros conocidos. No de
escritores, claro está, sino de artistas. Y cuando digo
artistas, no vaya a pensarse que en esa categoría caben
pintores, escultores, coreógrafos, bailarines, realizadores
fílmicos y demás. No. Al igual que todo el pueblo de
Cuba, las trabajadoras de la peluquería del Palacio de las
Convenciones entienden por artistas sólo a quienes salen por
televisión o trabajan en películas. El que no esté
en pantalla, que no presuma de artista. El congreso traería a la peluquería gente de la pantalla chica y de la pantalla grande. Gente que, en medio de las sesiones de embellecimiento, soltarían noticias picantes, secretos tremebundos acerca de sus amigos y rivales, ¡chismes! Alina de la Caridad Valdés Almendros, conocida entre sus subordinadas y amigos y familiares como Cuqui, jefa de la peluquería del Palacio de las Convenciones desde hace más de una década (su antecesora tuvo problemas con la justicia), avisó la que se avecinaba. Sergio Corrieri estaba a cargo de los preparativos del congreso y, si ése era el maestro de ceremonias, ¡imagínense, muchachitas, lo que nos viene encima! (Tanto Cuqui como las
muchachitas andaban por la media ronda.)El nerviosismo de las peluqueras crecía a medida que se aproximaba la sesión inaugural. Una tarde en que el salón estaba vacío de clientes, Cuqui colgó el teléfono con el rostro demudado. Dirigiéndose en voz alta a sus subordinadas, sólo atinó a pronunciar el nombre de Carlos Otero. Las muchachitas tuvieron que rodearla, exigirle explicaciones. Para escuchar entonces la tremenda noticia de que Carlos Otero no asistiría al VII Congreso de la UNEAC. Esa tarde y el resto de la semana se fueron en discutir aquella ausencia. Pasó algún tiempo, el suficiente para hacerles aceptar que ya no verían de cerca a Carlos. Pero cuando el caso no admitía más vueltas, Cuqui volvió a colgar el teléfono de la peluquería del Palacio de las Convenciones con la misma falta de color en el rostro, y aquejada de idéntica parálisis. “¿Quién es ahora?”, gritaron a una voz
sus compañeras. “¡No puede
ser!”, corearon. “Charito…”, dijo una. Rosas
a crédito…, prorrumpió una segunda. La joven de la flecha de oro…,
recordó otra. Apenas con voz, Cuqui
pronunció por fin el nombre: ¡Susana Pérez se
quedaba también! ¡Susana Pérez anunciaba que no
volvía al país, y lo hacía en el programa que
tenía Carlos Otero en la televisión de Miami! ¡Ni
el uno ni la otra asistirían al VII
Congreso de la UNEAC! La televisión cubana se vaciaba a ojos vistas. Las trabajadoras de la peluquería Clara Zetkin del Palacio de las Convenciones estaban que trepaban por las paredes. Encaramadas cada una en su sillón, pegaban chillidos como si un ratón recorriera aquel espacio. Era pánico. Era horror. Agotaron de tal manera sus reacciones que, la mañana en que sin terminar su diálogo telefónico Cuqui tapó el auricular y pronunció el nombre de Sergio Corrieri, apenas dieron señales de asombro. De buen grado admitían que aquel que fuera presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) huyera del país. Se largaba el Hombre de Maisinicú, el protagonista de Memorias del subdesarrollo, el agente invencible de la Seguridad del Estado en aquellos episodios de En silencio ha tenido que ser… Y tuvo Cuqui que despedir al interlocutor con quien hablaba para hacerles entender que Corrieri se había ido aún más lejos que Carlos Otero o que Susana Pérez, que Sergio Corrieri había muerto. Fallecía el jefe de la comisión preparatoria del VII Congreso de la UNEAC, y mal empezaba dicho evento. Las peluqueras del Palacio de las Convenciones se miraron entre ellas y, sin emitir sílaba alguna, coincidieron en que aquéllo iba a estar desangelado, desprovisto de glamour. El actor y burócrata Sergio Corrieri se ausentaba, no sólo de los preparativos del congreso habanero, sino de la lista de las cien estrellas más sensuales de la historia del cine publicada por la revista estadounidense Premiere. Paquita Armas Fonseca, antigua directora de El Caimán Barbudo y una de las mordidas más prognatas del periodismo cubano, entendió escandalosa tal omisión y se obligó a escribir un artículo sobre el tema para La Jiribilla. (La Jiribilla se anuncia de este modo: “Web que con una mirada de desenfado y humor, inserta en el espectro de los medios en Internet un punto
de vista objetivo sobre la
realidad cultural cubana”. Lo peor de la frase no es la
inserción en el espectro de los medios, sino el alarde de
desenfado y humor por parte de unos militanticos.) La lista de Premiere reservaba el primer puesto para Marilyn Monroe, guardaba el segundo para Marlon Brando, y dejaba escasísimos lugares a actrices y actores latinoamericanos. Cierto que estaba Salma Hayek en el puesto vigésimo octavo. Cierto que podía encontrarse allí a Jennifer López (“que ya ni nombre tiene en español”, la regañaba Paquita, “sólo apellido”). Y que se hallaban también Antonio Banderas y Penélope Cruz, y el número cien lo hacía el mexicano Gael García Bernal. Pero no aparecía María Félix, ni Jorge
Negrete, ni Dolores del Río, ni Libertad Lamarque. Y, puesto que
Paquita Armas Fonseca (que ya ni nombre tiene, sólo diminutivo)
mencionaba a esos monstruos sagrados del cine de Latinoamérica,
tuvo a bien colar a Sergio Corrieri entre Dolores del Río y
Libertad Lamarque. Tal como suena: María Félix, Jorge
Negrete, Dolores del Río, Sergio Corrieri y Libertad Lamarque.
Entre la libertad y los dolores, el sensual Corrieri. No importa que en su madurez pudiera confundirse con el camello impreso en las cajetillas de Camel. No importa que siempre hubiese sido un alfeñique a quien costaba creerse como agente secreto. Él era capaz de vestir un safari o una guayabera con mucha mayor gracia que Cary Grant una chaqueta. Los miserables de la revista Premiere lo despojaban de su lugar en la lista de sensuales del mismo modo en que los granujas de Forbes incluían al Comandante en Jefe entre los hombres más ricos del planeta. II (¡Bienvenidos al Planeta Mongo!) Mal empezaba el congreso cuando Sergio Corrieri tenía que ser sustituido por Miguel Barnet, Presidente
de Honor de la Asociación de
Perros Chihuahuas (ojo: no de Criadores de Perros Chihuahuas) de
Cuba. Mal andaba cuando el querido Comandante en Jefe no podía presentarse en la tribuna y dejaba ese puesto a su hermano Raúl. Era, en uno y otro caso, la misma pérdida de estilo. El Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler, sintió la segunda de estas ausencias con el peso de toda la historia. Recordó una frase de la correspondencia de Flaubert citada por Marguerite Yourcenar: “Los dioses no estaban ya, y Cristo no estaba todavía, y de Cicerón a Marco Aurelio hubo un momento en que el hombre estaba solo”. Aludía Leal al interregno entre el final del paganismo y la propagación del cristianismo, aludía a dioses muertos (¿el Comandante en Jefe?) y a un nuevo dios por venir. Y enredaba aún más las cosas cuando se ponía a recordar al abate Sieyès. “Hemos vencido porque hemos sobrevivido”, suscribía Leal (muchos perros, aunque no chihuahuas, llevan este apellido por nombre). Y agregaba: “Cuando todo termine, quizás, querido Fidel y queridos amigos, yo podré decir como el abate Sieyès cuando le preguntaron en los días terribles de la Revolución Francesa, que no han sido los nuestros…”. Detengo aquí la cita antes de que termine. Momento, momento. ¿Qué quiere decir Eusebio (su nombre avisa en griego que es un hombre piadoso) con éso de que todo termina? ¿Cuándo termine qué? ¿Cuando termine la Revolu? Así empiezan, como quien no quiere la cosa, los revisionismos más peligrosos: uno acepta la más pequeña aseveración de esta clase y, cuando menos se lo espera, no puede levantarse de la cama, y los médicos dicen que es diverticulitis. ¿Qué hace Eusebio Leal (siempre vestido de modosito uniforme Mao para disimular sus milloncejos
malhabidos) quedando con vida y al alcance de las preguntas, cuando
todo haya terminado? ¿Acaso vivirán para esas fechas el
querido Fidel y los queridos amigos a quienes él alude?
¿Tales palabras no resultarían una insolencia a castigar
en una viuda india, destinada a arder junto a su amado en la pira
funeraria?Vuelvo a la cita interrumpida, devuelvo el micrófono al Historiador de la Ciudad: “yo podré decir como el abate Sieyès cuando le preguntaron en los días terribles de la Revolución Francesa, que no han sido los nuestros: ‘¿Y usted qué hizo?’. Respondió, entonces, en un grito de sinceridad: ‘Yo, sobreviví a ella’”. Piadoso Leal dice no avergonzarse de que sus hijos sean exiliados, no se avergüenza de quienes viven en el exilio. Todo ello en tanto (y aquí pesa la condicional) no se les ocurra obrar contra la Revolu que es la Patria que es el Comandante en Jefe que es el Partido que es la más rica y sabrosa que se haya en Cuba comido. (A juzgar por su actitud, pasamos de un exilio sinvergüenza a un exilio sin vergüenza.) Lo más notable de ese discurso, sin embargo, ha estado en las referencias históricas. Claro que Leal soltaba esas referencias en el medio más socotróquico que imaginarse pueda (el pércapita anual de libros leídos entre la membresía de la UNEAC es de menos cuatro) pero, así y todo, ¿no resulta sospechoso que aludiera a una ausencia de dioses, contara con un nuevo dios por llegar y osara compararse con el abate Sièyes, quien conspiró dentro de la Revolución Francesa hasta ser el principal inspirador del golpe de estado de Napoleón Bonaparte? “Usted nos ha condenado a que la nación esté para siempre presidida por un hombre ilustre”, le espetó él alguna vez al Comandante en Jefe. Y si así era, ¿dónde encontrar ahora un sustituto ilustre? ¿Dónde hallar relevo honorable? En torno a Raúl Castro, Eusebio Leal esparció más chicharrones que flores y evoluciones prodigaban Las Jardineras al pasar ante la tribuna. En el Palacio de las Convenciones se sobrellevaba a duras penas la ausencia del Comandante en Jefe. Un joven guataca y sonetista le dedicó una de sus composiciones. Marta Rojas aportó razones literarias para otorgarle el título de Miembro de Mérito de la Unión de Escritores y Artistas (¿y por qué no, si ella es considerada novelista en ese ambiente?). El Ministro de Cultura Abel Prieto se vio forzado a exagerar la nota en su discurso de clausura: “Hay que recordar que el principal impulsor de la democratización de las nuevas tecnologías en Cuba y yo creo que en el mundo, es Fidel”.
Por último, los trabajos del congreso
de espiritistas dieron su fruto: con Miguel Barnet oficiando de
médium, los asistententes recibieron un mensaje de Fidel Castro
(se presentaron también espíritus de menor rango, como
Antonio Guerrero y el resto de los Ya
son Five) en el cual develaba los pasatiempos de su eternidad.
Porque, del mismo modo en que Paquita Armas Fonseca se dedica a leer
las listas de Premiere,
él frecuentaba esa clase de revistas que emprende el inventario
de los treinta inventos geniales que transformaron el mundo (se empieza
por los diez días que lo estremecieron para llegar a los doce
rincones ideales para una escapada). “Hace dos días, en un artículo de prensa extranjera”, explicó Fidel Barnet, “se habló de treinta inventos geniales que transformaron el mundo: disco compacto, GPS y DVD, teléfono celular, fax, Internet, microonda, Facebook, cámara digital, correo electrónico, etcétera, etcétera, etcétera”. Hasta aquí se comportaba como el principal democratizador de las nuevas tecnologías en Cuba y en el mundo. Aunque surgían de inmediato las interrogantes cruciales, relumbraba su preocupación por el género humano:
“¿Puede incluso
garantizarse la salud mental y física con los efectos no
conocidos todavía de tantas ondas electrónicas para las
cuales no evolucionó ni el cuerpo ni la mente humana?”La pregunta coincidía con la liberalización de la venta de teléfonos móviles y la liberalización de los hoteles. ¿Y quién garantizaba la salud mental y física de esos taínos repatingados en buenos colchones, duchándose con agua caliente y pensando en el desayuno incluido de la mañana siguiente? “Un congreso de la UNEAC no puede dejar de abordar estos espinosos temas”, encargó el Comandante a los delegados. Cada vez parecía mirar con más dolor al mundo que abandonaba. Un universo donde “ya no puede siquiera garantizarse el secreto de lo que habla una pareja en el banco de un parque”. Donde, poco antes de que se pusiera matunguito, lo habían sacado en pijama y tomando sopa en un canal de televisión de Miami. El Comandante en Jefe tomando sopa en una esquina de la mesa gobernada por su mujer, una arpía oculta hasta entonces en la mansión secreta. (“El swing es lo más sabroso para el alma divertir”) Como en las peores triquiñuelas orquestadas por Nitza Villapol, allí teníamos a Miguel Barnet y a Raúl Castro, y era preciso hacer un congreso con esos ingredientes. Perspicaz como acostumbra a ser, Victor Fowler declaró el aprieto en el que se encontraban. Más claro no pudo hacerlo ver el flamante Premio de Poesía Nicolás Guillén: “cualquier posibilidad futura para el socialismo pasa antes por la obligación de tener ‘swing’”.
Quienes tenían que estar al frente del
congreso eran Glenn Miller y Benny Goodman. De haber sido delegados,
los integrantes de El Gran Combo
se habrían levantado para cantar aquel número que reza:
“Yo no soy médico ni abogado, ni tampoco ingeniero, pero tengo
un swing, pero tengo un swing, que muchos quisieran tener”. A juicio de Victor Fowler, la búsqueda del swing era “el desafío cultural más serio que enfrenta el socialismo como sistema y modo de vida”. Y abundaba: “Al Estado, al Partido, a la UNEAC misma en sus diversos niveles (…) corresponde igualmente generar, organizar y alimentar esos valores impalpables que son la alegría, la sabrosura, el ‘swing’”. Otros muchos oradores insistieron en la necesidad de conseguir un discurso atractivo, una imagen engatusadora, una publicidad que despertara la ensoñación por la Revolu. “Necesitamos pasar a la ofensiva en la construcción de portadores del imaginario nacional y latinoamericano atractivos para las jóvenes generaciones”, pidió Alpidio Alonso, vicepresidente del Instituto Cubano del Libro. Y el Premio Nacional de Música Roberto Varela: “debemos aprovechar todas las técnicas modernas científicas que surgieron al servicio de la propaganda comercial para usarlas inteligentemente para educar con arte, con imaginación, con belleza, con buen humor”. Alpidio Alonso reconoció que estaban abocados a una batalla de símbolos y que “nada resultaría más dañino que llegara [sic] a identificarse nuestra propuesta con lo aburrido y lo monótono, mientras lo divertido y cautivante se viera como algo que sólo puede venirnos de otra parte”. Aportaba metodología para iniciar la campaña: “Tratemos de encontrar en qué hemos estado distraídos para que los ídolos de nuestros niños y jóvenes hayan pasado a ser las deidades impuestas por la llamada industria del ocio sin que logremos allegarles ninguna alternativa propia, y para que se generalice cada vez más la frivolidad y la cultura de las marcas, exhibidas como credenciales de modernidad y distinción social”. Tanta desesperación pedagógica empujó al ministro Abel Prieto a declarar, mesándose los cabellos: “No podemos aceptar, no podemos conformarnos, con que nuestros jóvenes perciban nuestros mensajes como aburridos y de pobre calidad y asocien los ‘enlatados’ yanquis con la diversión ‘moderna’ y atractiva.” La premura de swing era llevada tan lejos que, según el informe de la comisión Cultura y Sociedad leído por el director de la Fundación Ludwig de Cuba Helmo Hernández, era prioridad número uno derribar la barrera postedénica entre trabajo y tiempo libre hasta hacer igual de alegres la pincha y el vacilón. “La
política
cultural por la que trabajamos, la que se encarga de esa
producción artística e intelectual que aprendimos a
considerar como escudo de la patria, abarca la totalidad de nuestra
existencia. No admite (…) divisiones que impliquen que nuestro tiempo
productivo sea el tedioso, cargante y monótono, asumido sin
placer posible, y sólo porque no nos queda más remedio,
mientras esperamos todas las gratificaciones del tiempo que
llamaríamos libre, es decir, culturalmente improductivo”. Lamentablemente, todos estos oradores parecían desconocer que la temporada de swing de la Revolu había coincidido con la presencia de cabello en la cabeza de Miguel Barnet y, más aún, con la coleta de niña china de Raúl Castro. ¿A cuál Herbert Matthews esperaban ahora? Oliver Stone había estrenado ya sus dos versiones de Entrevista con el Vampiro. Ignacio Ramonet tenía publicado y traducido (hasta al gallego) su trabuco. ¿Qué peluche del Ché faltaba por venderse? Por la época en que no quedaban esperanzas para el Tercer Reich, los todavía creyentes apostaron por un arma milagrosa, los cohetes autopropulsados V-1 y V-2. (La inicial venía de Vergeltung o Revancha. Las emisoras británicas la achacaron a Verzweiflung o Desesperación.) El vicepresidente del Instituto Cubano del Libro Alpidio Alonso anunció tremendo cohete autopropulsado al afirmar: “Aprovechando la gran tradición de nuestro diseño, y atendiendo a códigos mediáticos más eficaces y atractivos, si en algo debemos esmerarnos es en tratar de mejorar esas imágenes”. Se refería, seguramente, a la gran tradición del diseño cubano, capaz de reactualizar el asiento de rejilla en la rejilla de los kicos plásticos. Y, ya desvelados por las formas, Graziella Pogolotti pegó puntada al afirmar durante una reunión preparatoria: “Para enrumbar el camino de una revolución que tiene
que seguir siendo socialista, tenemos que
empezar cada uno de nosotros a intentar zurcir el pedazo de realidad
que nos toca”. Según la Premio
Nacional de Literatura a quien le fuera dedicada a medias la
última edición de la Feria
Internacional del Libro, todo era cuestión de cómo
se mirara: “Hacer un país, que es lo que todos hemos querido,
implica utilizar lentes bifocales, ver a lo lejos y ver de cerca”. No me permitiré aquí broma alguna acerca de esta recurrencia oftalmológica, pero sí que hago notar cómo tanta miradera puede convertirse en paranoia. Lo cual se hizo patente en las palabras de la poetisa santiaguera Teresa Melo, al afirmar: “tenemos una miríada de miradas encima nuestro”. (Miríada de miradas miran la televisión) Las búsquedas del swing, así como el encarne de una miríada de miradas, no podían menos que conducir al tema de la televisión. La televisión fue, sin dudas, el motivo principal del VII Congreso de la UNEAC. Pareciera revancha (vergeltung, para decirlo en alemán) orquestada por escritores y artistas contra la pantalla donde reaparecieran, poco ha, las jetas de antiguos comisarios culturales. Pareciera como si escritores y artistas se hubiesen quedado delante de sus televisores a la espera de alguna disculpa, por disimulada que fuera. Y, en tanto no arribaban las disculpas, sopláronse caravanas y caravanas de programación. La delegada María de los Ángeles Bobes, a quien nadie podrá identificar sino por su adoptado
nombre de Marilyn Bobes (ah, el swing),
fue la encargada de abrir fuego contra el bulbo catódico.
“Percibo en la televisión cubana todavía exceso de
frivolidad y mucho aburrimiento”, aseguró. Para luego adelantar
un remedio que, en caso de aplicarse, despertará verdadera
añoranza por la enfermedad: “considero urgente una decisiva
presencia mayoritaria de nuestros artistas y escritores más
valiosos en un medio que por su masividad ejerce una influencia mayor
sobre la población”.Las sesiones del VII Congreso de la UNEAC poco o nada discutieron acerca del periodismo o de las publicaciones literarias. Fueron dedicadas, en cambio, a discutir los predios de Dinorah del Real. No escasearon, al final, las sabias recomendaciones. El iletrado presidente del Instituto Cubano del Libro, Iroel Sánchez, propuso abundar en las adaptaciones televisivas de la narrativa nacional. (Abel Prieto debió frotarse las manos al escucharlo, pues su novelita misumisu gozó ya de video-clip gracias a Sarah González, y de adaptación teatral gracias a Abel
González Melo, y podría llegar,
por fin, a la tevé.) Luis Acosta, vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), anunció la creación de un nuevo canal televisivo con veinticuatro horas de programación. Reynaldo González, director de La Siempreviva, adelantó lo que podrá constituir material para una televisión a la vez educativa y atractiva: sus conversaciones con diversos presidiarios, filmadas por Léster Hamlet durante la gira que Silvio Rodríguez y otras importantes figuras culturales realizaron por las prisiones del país. (“Huracán de piedad”, bautizó Cintio Vitier a tal empresa, y valdría como título para el filme.) En sus reflexiones acerca de la televisión, el teórico del swing y la sabrosura Victor Fowler se remitió a la serie televisiva estadounidense Lost. Perdidos, en su traducción al español. Perdidos en el llano. Perdidos como una vaca en un cine… Pedro de la Hoz, comentarista cultural de Granma y uno de los dos portavoces periodísticos del VII Congreso de la UNEAC (el otro fue Ciro Bianchi Ross, y juntos habrían firmado como Pedro Ross), escribió esta advertencia: “Inútilmente, desde cercanas y lejanas orillas, no han faltado quienes hubieran querido un rumbo diferente de este Congreso”. Espero no ser considerado entre esa gente empeñada en dotar de rumbo distinto al congreso recién
finalizado. Lejos de mí tal intención. (También
espero que Eusebio Leal no se avergüence de mí. Al fin y al
cabo, le habré salido más barato que el hijo a quien tuvo
que ponerle una agencia de viajes en Barcelona o la hija a quien
prefirió costearle la salida con tal de mantener a raya sus
escándalos.) Celebro, más bien, que el nuevo presidente de la UNEAC sea Miguel Barnet, porque su cargo podrá ayudarlo a entender que existen otros escritores. Y me complace que Nancy Morejón presida la Sección de Escritores, si es que ese cargo aporta alguna prueba a la hora de estimarla como autora. Pero no he podido privarme de alguna aspiración tocante al VII Congreso de la UNEAC, y deseé que hubieran sido otros los delegados. Sin ir más lejos, las trabajadoras de la peluquería del Palacio de las Convenciones. Porque creo que Alina de la Caridad Valdés Almendros, tratada entre sus subordinadas y amigos y familiares como Cuqui, se habría ocupado del tema del swing con mucha más propiedad que el tal Victor Fowler. Enlaces con los números anteriores de La lengua suelta Ver los números 41 a 50 • No. 50 No tengo dudas de que vienen cambios... (Del cuaderno de apuntes de un cubanólogo de pro) • No. 49 Gira, Revista y Congreso; (Se avecinan grandes cambios en la Isla) • No. 48 Huracán Lisandro aléjase de Cuba (aún por confirmar el número de víctimas) • No. 47 Toca fondo Premio Nacional de Literatura Pero, ¿y dónde dejamos a Jaime Sarusky? • No. 46 Y ya con ustedes, un capítulo más de El chatino maléfico • No. 45 De Dientes y Encías; Algunos comentarios extraídos de un blog de asuntos cubanos • No. 44 ¿Por dónde pasa el meridiano cultural de América? Una excursión a los indios Cubierta de Bagazo • No. 43 Cuza Malé busca a Fantito; Hacia una Crítica y una Viudez más plena • No. 42 El misterioso caso de la reseña rusa donde Fermín GaVor ejecuta la envidia y la venganza • No. 41 SIC, SIC y SIC; Prieto (no el Ministro) saca nueva novela Ver los números 31 a 40 • No. 40 Todas las chivas dicen Seeee-neeeel Sexo y política en la última novela de Senel Paz • No. 39 La protesta electrónica, fase superior de la campaña Carcamal Sublévanse escritores ante despiyamiento de antiguos comisarios • No. 38 Los viejos samurais descuelgan sus katanas; Iníciase campaña Carcamal • No. 37 Fina y Cintio contra el Lechón Jiribilla - ¿Cuándo volverá? La Nochebuena, ¿cuándo volverá? • No. 36 Biografías es lo que pide el público - Stephen Frears filma a Felicia Castelló, Tomás Piard a Lezama Lima • No. 35 Zoe, musa - Josef von Sternberg retrata a Zoe Valdés • No. 34 Rosa tú, melancólica • No. 33 El poema del 13 • No. 32 ¡Micocilen para Dulce María! • No. 31 El pasaporte de Lina: (Pieza para dos voces y un ruido en el teléfono) Ver los números 21 a 30 • No. 30 Lina de Feria regresa a la Patria: Detéctanse otros casos de la misma enfermedad • No. 29 Premio Nacional de Literatura: instrucciones de uso, Darth Vader lo gana este año • No. 28 "¿Heredia está en el fondo?" Una mesa redonda sobre emigración y literatura • No. 27 ¿Tienen los escritores cubanos biografía? • No. 26 La caja está cerrada (y con el muerto adentro) Antón Arrufat, Premio Iberoamericana de Cuento Julio Cortázar 2005 • No. 25 Carilda escribe como Garcilaso y Cervantes no val al taller del chino Heras • No. 24 ¡Pero qué precioso poeta quinceañero!; Contemplando un álbum de fotos de Alberto Edel Morales! • No. 23 GCI: La escena del crimen; En el fallecimiento de Guillermo Cabrera Infante • No. 22 De la balsa al barco negro: apuntes para una historia cubana de la navegación forzada • No. 21 ¡Vámonos con Noam Chomsky! Otro año de Feria del Libro en La Habana! Ver los números 11 a 20 • No. 20 Donde Monseñor suspira por el Teatro Shanghai • No. 19 !GOOOOOL de Leonardo Padura!, El escritor revela las leyes de su fútbol • No. 18 Qué raro que me llame Federico • No. 17 Dos Gacetas y muchísima polémica (pero no dentro de ellas) • No. 16 En familia, en verano (obra en un acto) • No. 15 Hacia un perfil definitivo del hombre • No. 14 Almas llaneras • No. 13 Botella lanzada a La Jungla; Dirección: 17 y H, Vedado, La Habana • No. 12 Detenidos Luis Báez y Pablo Armando Fernández por sacrificio ilegal de reses • No. 11 Para un nuevo Centón epístolario cubano (cartas, telegramas, mensajes) Ver los números 1 a 10 • No. 10 Donde Rosita Fornés explica la punzada del guajiro • No. 9 En fila india, pelados que dan grima • No. 8 Hablando de pelota en la Esquina Caliente • No. 7 Feria del libro en La Habana o “arrolla, cubano, que esto es tuyo” • No. 6 Fornet e hijo reabren El Encanto • No. 5 Museo arqueológico de México devuelve a Cuba falsa cabeza olmeca • No. 4 Convocan a coloquio internacional sobre la Obra de Ambrosio Fornet • No. 3 Bajo la peluca de un ministro • No. 2 La camarilla de los maquilladores • No. 1 Cunde la esperanza entre escritores de la Isla |
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